El Condicionamiento Operante

El condicionamiento operante comenzó a estudiarse en el siglo XX. Edward Thorndike observó  -como parte de sus estudios de doctorado- la conducta de gatos que intentaban escapar de una caja para conseguir el pescado que estaba en el exterior. Al principio, los gatos arañaban, mordían, golpeaban la jaula sin orden ni concierto hasta que, por azar, daban con la respuesta adecuada (aflojar un tornillo, tirar de una cuerda, pulsar un botón…) que les permitía salir corriendo y alcanzar la recompensa. Thorndike comprobó que, si se les colocaba de nuevo en la caja, ponían en práctica cada vez menos ensayos hasta dar con la respuesta correcta, lo que le condujo a sostener que la respuesta correcta (la acción que permitía accionar lo que les conducía a la recompensa) había sido “grabada” por ser la que conducía a un resultado satisfactorio: la obtención de comida, y que aquellas conductas que conducían a resultados insatisfactorios (no conseguir la comida) dejaban de emitirse.

Este principio general fue ampliado y elaborado para comportamientos más complicados por Skinner quien denominó a este enfoque “conductismo radical” para diferenciarlo del propuesto por Watson quien -como recordaréis- daba más importancia al conductismo clásico. Skinner concluyó que para entender la conducta hay que atender a sus causas externas y a sus consecuencias y no al interior del organismo utilizando términos como “satisfacción” y “malestar” haciendo suposiciones sobre los sentimientos y deseos tal como hacía Thorndike

En el condicionamiento clásico, no importa si la conducta de la persona o animal tiene o no consecuencias. Sin embargo, las consecuencias ambientales, son el núcleo del segundo tipo de aprendizaje estudiado por los conductistas: el condicionamiento operante. Por ejemplo, el perro de Pavlov aprendía a sociar dos acontecimientos que escapaban a su control (el sonido y la comida) y recíbía ésta aunque no hubera salivado, pero en el condicionamiento operante, la respuesta del organismo tiene efectos -opera- sobre el entorno y determina que la respuesta vuelva o no a producirse.

Otra diferencia entre uno y otro condicionamiento se encuentra en la clase de respuestas que implican. En el condicionamiento clásico las respuestas suelen ser reflejas (reacciones reflejas frente a algo que ocurre en el entorno). En el condicionamiento operante en general se trata de respuestas complejas, como montar en bicicleta, resolver un examen, enfadarse…

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